Pensamientos de noches solitarias

"El placer es la felicidad de los mediocres, la felicidad es el placer de los sabios"

domingo, 17 de febrero de 2008

Empezando con un adiós

Hoy empezare algo nuevo, dejando atrás aquellos momentos de sueños y pesadillas, bebiendo ahora los vasos de una injusta libertad, quieriendo olvidar los tiempos en aquella heróica ciudad cuando estaba enfermo de una aguda gripe asiatica; sin embargo, al ir por las calles, aquellos dulces olores, aquellos perfumes de niña color lila, aquellos hilos y artistas de bisutería, siempre traen a mi mente su cada vez más borrozo retrato. Casualidad tal vez, o como ella diría: "es el destino", aquel capichoso que, cuando creía haber salido del hoyo en el que me dejaron caer, aparece con alguna melodía fúnebre que retumba mis cinco sentidos, llenando de nostalgia alquella fingida superación, derrumbando el orgullo que un día dejé de lado y de pronto recuperé sin pedir su regreso.

Siguiendo mi camino me encontré con muchas mariposas, aquellas que revoloteaban a mi alrededor, muchas que muchos días rechace y dejé que vuelen libremente sin darme cuenta debido a la venda que llevaba en los ojos, enceguecido por un luz amarilla brillante, sin poder ver la belleza de sus colores vivos; mariposas que al querer llevarlas a mi jardín ya habían caído en las redes de algún cazador. Al caminar por jardines prohibidos me topé con una mariposa que, sin pensar, la tome con mis redes ante la ausencia de su distraida contraparte; a pesar de este inesperado acontecimiento, aún el cielo era gris. Caminando por otros jardines encontré una generosa mariposa la cual zurció mis heridas al dejarme tomar de su néctar. Pero luego de emprender el camino de regreso, comprendí que esa noche de sábanas invisibles y amores prestados erán parte de una vida plástica que estaba empezando a construir, o tal vez solo la estaba retomando.

Al regresar de mi utopía, llegue al mismo lugar donde estuve los ultimos meses, a la perdición de los bares de copas y la maldición de mis sábanas frías y alcoba vacía; bares donde bebiendo en una copa rota hacía más profunda la herida con su cortante filo al tomar cada trago amargo queriendo borrar la huella de un beso traicionero que un día me dio entre esas cuatro paredes que un día fueron mis cómplices en el amor y vieron por primera vez dibujada en ellas la sombra de su figura desnuda sobre la mía, y que ahora veían mi dolor no merecido al asomarse algunas lágrimas para luego reposar sobre mi almohada aún húmeda por los llantos de días anteriores. Pero sin ser mezquino, podría decir que volvar junto a aquella última mariposa me ayudó a recordar como volar por mi mismo, a que mis alas nunca cayeron, solo andaban adormecidas o sin fuerzas para moverse; citando a Sabina diria: " Tanto la quería que tardé en aprender a olvidarla 19 días y 500 noches".

Mi guitarra gritaba su nombre en cada nota que producía, cada canción que tocaba encerraba mi historia en ella; pero ninguna es aquella que quise dedicar a la que un día me robaba el sueño con una felicidad ilusoria. Esa canción que nunca escuchó y que creo nunca volveré a tocar, se perderá entre el silencio de un corazón sin dueña canzado de latir y la indiferencia de un amor que nunca fue. Solo me queda colocar estas líneas con las cuales borro los dos puntos suspensivos que coloque sin darme cuenta quedando solamente un silencioso y solitario punto final.

Fuiste la luz de mi vida y mi musa preferida pero todo se acabo.
Fuiste mi cruz de rosario, mi suerte en el calendario la dueña de mi colchón.
Fuiste un tango puro y duro escrito en papel oscuro que no quiero ni cantar.
Una guitarra sin cuerdas, un collar falso de perlas que nunca vieron el mar.

Fuiste un jardín de malvones, un vinilo sin rayones, una dama de verdad
que duro quince minutos y ahora me dejas el luto de no querer verte más.
Fuiste una lady Madonna, fuiste un gol de Maradona, fuiste "la mano de Dios".
Fuiste todo pero fuiste, yo no sé si me entendiste que te estoy diciendo adios.

Fuiste "El día que me quiera", fuiste Gardel y Le Pera y la II Región.
Fuiste en Chile hortaleza y aqui en Lima "princesa", reyna de mi corazón.
Fuiste la luz de mi vida y musa preferida que ya no puede inspirar
ni un tango ni una ranchera, ni un solo verso siquiera, solo esta canción de adios.

Y este fue mi testamento de un amor que de contento no me dejó ni el sudor.
Solo queda despedirme con voz ronca pero firme, el mal trago ya pasó.
Medio vals, mitad ranchera, le pongo el nombre que quieras y lo pinto rock 'n roll.
Aquí adelante de todos te estoy diciendo a mi modo, te estoy diciendo a mi modo
Buena suerte, chao, adiós.